CARLOS BASTIDAS ARGUELLO: GUERRERO SIN TIEMPO

Luis Supliguicha Cárdenas

Tenía 23 años de edad pero ya había cubierto, como corresponsal de guerra, la invasión soviética a Hungría y reportaba sobre las dictaduras en Colombia, Venezuela, intentó llegar a República Dominicana, pero le negaron su ingreso, por eso fue a Cuba, donde aportó con su voz, a través de las primeras emisiones de la clandestina Radio Rebelde, para llamar al pueblo a la huelga general que se preparaba en contra de Fulgencio Batista en 1958.

Se graduó como periodista en Estados Unidos y estudió derecho internacional. Nació en Milagro en enero de 1923, su padre fue parte de la segunda promoción de normalistas del colegio Juan Montalvo y fue uno de los primeros ingenieros agrónomos que tuvo el país y como tal laboró en el ingenio azucarero Valdez.

Su proceso educativo en Ecuador lo realiza entre Guayaquil, Milagro y Quito, en una época donde se ponía en práctica la sentencia domesticadora “la letra con sangre entra”, pero eso no cabía en la cabeza de Carlos Bastidas Arguello, por eso en la Escuela Espejo de Quito, en la primaria, realiza un reclamo frontal por el maltrato a los menores. ¿Un niño hablando de derechos?  Más tarde, cuando estudiante del tercer curso en el Colegio Nacional Mejía, creó el periódico “Vida Estudiantil” donde publica una caricatura que denunciaba la realidad: un maestro pateando a un alumno, lo que causó el malestar de los docentes y del entonces rector, más cuando denunciaba las condiciones de vida de los estudiantes que llegaban de provincia. Una mente como esa no podía estar en la entonces recoleta ciudad de Quito, pasa por el colegio La Salle, luego por el colegio Americano de Guayaquil, donde tuvo como maestro a Justino Cornejo con quien mantenía correspondencia y de allí salió para terminar su bachillerato en Estados Unidos, donde estudió periodismo y laboró como corresponsal en Asociate Press y en el Daily News de Chicago. Colaboró como corresponsal para El Telégrafo y El Tiempo de Ecuador.

El hermano de Carlos Bastidas Arguello, Edmundo, en una entrevista con el realizador audiovisual Ramiro Bonilla, sostiene que “Charlie” como le conocían, no soportaba la discriminación ni el maltrato, dialogaba con cualquier persona sin importar su condición social y cuenta que en una ocasión, en que un marido maltrataba a su esposa, Carlos no dudó en castigar al agresor a puñete limpio, entonces no habían leyes que protegieran a la mujer, lo único que existía (¿?) era otra frase sin razón, “aunque pegue, aunque mate, marido es”. Hablamos de la década de los años 50 del siglo anterior y aún persisten diversas formas de maltrato a la mujer, por eso lo anecdótico de Carlos Bastidas Arguello, rompe el tiempo, porque la injusticia persiste.

Así son los seres humanos sin tiempo, rompen la realidad, por eso en Colombia realizó una ponencia en la que denunciaba la situación de los indígenas en Ecuador, tratados como esclavos y también sobre los montubios a quienes se consideraba seres inferiores y sin derechos. Quería transformar esa realidad, así lo conversaban con su hermano Edmundo, quien se enteró del asesinato a través de un telegrama leído por teléfono; como la operadora no entendía el idioma, pidió que leyera el dato letra por letra.

Carlos Bastidas Arguello conoció la cárcel, estuvo detenido en Venezuela, durante la dictadura de Pérez Jiménez, allí conoció a Jorge Ricardo Masetti, fundador luego de Prensa Latina, quien al salir de la cárcel avisa al embajador ecuatoriano Homero Viteri Lafronte, quien acude en su ayuda. El gobierno dictatorial lo libera con la condición de que abandone inmediatamente el país y decide enrumbarse a República Dominicana, país que conociendo los antecedentes de Bastidas le niega el ingreso y sin dudarlo opta por salir a Cuba.

América latina en ese entonces estuvo plagada de dictaduras que no dudaban en acribillar a sus adversarios, pero había luchas que se libraban día a día, que se libran en cada momento, porque mientras haya alguna injusticia será necesaria la presencia rebelde de los seres humanos sin tiempo.

La Habana será la última ciudad que conozca la existencia de Carlos Bastidas Arguello, porque un 13 de mayo de 1958 fue asesinado en una emboscada tejida por la dictadura de Fulgencio Batista.

Impedido de entrar a República Dominicana, aterrizó en La Habana, pero sin que nadie sepa cómo, de pronto apareció en Santiago de Cuba, su misión entrevistar a Fidel Castro, en Sierra Maestra, lo consiguió y no solo eso, fue testigo de la barbarie de Batista, seguramente por ello apoyó y hasta quizá ayudó a cargar los equipos de transmisión portátil de la clandestina Radio Rebelde, que iniciaba sus emisiones llamando al pueblo para que se subleve y apoye a la causa de la revolución. Atahualpa Recio, fue el nombre que eligió para presentarse y tomó varias fotografías de los combatientes, de cómo la mujer apoyaba el proceso y la camaradería cotidiana monte adentro.

Convencido de la causa justa, se planteó ir a la ONU y denunciar los actos de Batista. Cuba era entonces un país sin ley, con muertos que aparecían todos los días en las calles, con una prensa silenciada, o que solo hablaba de crónica roja, pero no de la lucha del pueblo en armas y si lo hacía eran calificados como delincuentes comunes. Como sintetizan muchas historias, Cuba era un garito y sede de hampones.

Virgilio Chiriboga era entonces embajador de Ecuador en Cuba y fue quien recibió el material fotográfico y otros documentos de manos de Carlos Bastidas Arguello, pero según relata su hermano, esos documentos simplemente desaparecieron de la sede diplomática.

Se conoce la identidad de los que armaron el complot para asesinar a Bastidas, el Jefe Nacional de Policía, Pilar García y el ejecutor de los disparos, el policía Orlando Marrero Suárez. De ellos se conoce que luego del triunfo de la Revolución, huyeron a Estados Unidos y se refugiaron en La Florida. Según el dato periodístico de diario El Telégrafo de 18 de mayo de 2012, los criminales de la dictadura de Batista y el autor de la muerte de Carlos Bastidas Arguello, terminaron sumidos en el alcohol y las drogas, deambulando por bares y cantinas.

Carlos Bastidas no está solo, su partida abrió el telón para demostrar que cuando se lucha por la dignidad y la vida, el apoyo está presente y sus actos nos retan cada instante para no desmayar en el combate.

Los primeros en la solidaridad, los periodistas de La Habana que recuperaron el cuerpo del asesinado rompiendo la censura de Batista que había ordenado callar esa muerte. Son los periodistas cubanos los que mantienen viva la memoria de Carlos Bastidas Arguello, por su temple, su identificación con la justicia y porque fue el último periodista asesinado en Cuba, de eso ya 59 años.

En Ecuador aún tenemos mucho que descubrir y decir sobre Carlos Bastidas Arguello, asesinado cuando tenía 23 años de edad por demostrar que la lucha revolucionaria se impone ante la injusticia. Le debemos no solo homenajes cada 13 de mayo, le debemos una y otra vez, mayor compromiso para sacudir viejos esquemas y situaciones cómodas, porque como dice Martí, “el revolucionario no mira de qué lado se vive mejor, sino de qué lado está el deber”.

En 1998 los restos de Carlos Bastidas Arguello, que reposaban en el Panteón de Reporteros de La Habana, en el Cementerio Colón, fueron trasladados con honores de héroe al Panteón de los Veteranos de la Independencia, donde también están una parte de las cenizas de otra ecuatoriana identificada con la lucha del pueblo, Nela Martínez.

Así, la vida de los seres sin tiempo nos cobija, nos muestra los nuevos caminos que debemos transitar, las huellas que debemos seguir para profundizar algo que se llama dignidad de existencia como pueblos, como naciones, porque si tenemos la vida, también es nuestra tarea poblarla de paz, justicia, libertad y soberanía.

P.D. Este artículo se basa en artículos de prensa, textos y publicaciones sobre el personaje y también en la entrevista realizada en abril de 2008 a Edmundo Bastidas, por el realizador audiovisual Ramiro Bonilla Vilela.

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