Robledo: ¿otro Petro?

Columna DESDE NOD pakahuay@gmail.com

Por Alejandro García Gómez.

Escritor y columnista colombiano.

¡No, señora! ¡Nadie, ni siquiera sus contradictores más recalcitrantes, han desconocido los valores de Gustavo Petro congresista, señora! Unos por su preparación, otros por su valor o por su prodigiosa inteligencia o por su visión social de ex guerrillero convencido (de la guerrilla más enrevesada pero quizá la más simpática de todas, M-19) o por su capacidad política y de convocatoria, que puede encauzar a su favor un río en su contra (que irremediablemente lo habría arrastrado) y devolverlo al adversario político que se lo causó (caso del ex procurador Ordóñez). ¡Sí, señor!, o porque ni ha subvalorado ni sobrevalorado ni se ha avergonzado ni ha “pintoreteado” su pasado guerrillero.

En el Congreso, una denuncia de Petro ponía a temblar al “de malas” contra quién iba. Era un banquete de esperanza para el público y material de semanas para la prensa. Con esa aureola se presentó a candidato para alcalde de Bogotá. Y llegó. Y fíjese, señor, que no digo triunfó. Porque una cosa es que “llegó” y otra diferente que hubiera ganado con esa alcaldía. Sí, señora, le acepto, como usted dice, que no estoy hablando de rigurosas investigaciones académicas sobre su acción gubernamental como alcalde. Acepto, señora. Hablo por lo que veo en Bogotá. ¿Que el clímax de ese desastre lo causó el supérstite nieto del mismo Dictador del que, en su tiempo, medraron a su sombra la crema y nata de los gloriosos partidos Liberal y Conservador, los altos militares y las oligarquías no sólo bogotanas sino del país, patriotas todos, señor? Claro que sí. Pero se esperaba que la inteligencia política de Petro, su sensibilidad social, todo lo que él había significado, sacarían adelante a la ciudad. Pero no, señora. Al contrario, Es innegable que –por el Efecto Péndulo- él también es responsable de que Bogotá tenga un nuevo fracaso: Peñalosa. El último “bolardo” de Peñalosa: “se le calentó y se le incendió”, el barrio Bilbao esta semana, señora. Digamos, “se le calentó y se le incendió” y deje así.

Pero, ¿no dizque nos iba a hablar del senador Robledo, señor? Claro que sí, señora, p’allá vamos. ¿No vio cómo tembló el citado esta semana al debate sobre Odebrecht? El abogado más “sutil” que tiene Colombia, el mismo Ciudadano Fiscal actual, no asistió a la cita, dizque para no entorpecer la investigación, señora. ¿Puede creerlo? Pues créalo, coma callada y recuerde que es el abogado más sutil, pero no lo diga, señora. ¿Pero ud. no dice que Robledo senador es temible para sus adversarios? ¿Entonces qué, ¡ah!?

Ambos, Petro y Robledo tienen similares mentes prodigiosas, pero los mata su arrogancia, señora. Y como, según ellos, jamás se equivocan, señor, no cuentan con asesores sino con adoradores. Es quizá el fruto del otro lado de su misma prodigiosa inteligencia, señora. Cuando Robledo se declaró en oposición al mandato de Santos en 2014, fue un error tan monumental que, de no haber sido por los votos que arracimamos quienes debimos sufragar con un pañuelo en las narices, no habría prosperado este proceso que ahora parece que ya no tiene reversa, señor. Su sectarismo y su arrogancia arrugaron su visión de estadista. Acabó con el Polo y se quedó con el rescoldo de sus devotos Moir, señor. Pero además, irónicamente terminó de “aliado” con su “archi” Álvaro Uribe, en contra del más importante proyecto nacional de los últimos 60 años: el proceso de paz, señores. ¿Qué se ha “desmarcado”? ¡Ah!, ¿qué está tratando?! Mhhh… Su sectarismo jugará en su contra ahora que necesita acuerdos como candidato presidencial. No es que yo se lo desee. Vea que, ¿Maduro no ha sido otro sectario? Es una simple lectura. Su inmenso caudal de senador, ¿continuará con él? Esa candidatura, de persistir, ¿no será un réquiem “ad Polum”, pero  “renacer” para su Moir? ¿Le servirá? Porque de persistir, sólo quedarían un Polo y un Moir mínimos por fuera de los umbrales, sepultados ambos bajo la aplastante maraña de la ley electoral colombiana. Ojalá que yo me equivoque, señor y señora. ¿Y entonces? Si él quisiera, le seguiríamos votando como al mejor senador, señora.

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